domingo, 15 de octubre de 2017

Boicoteos van y vienen





Extracto de un texto que publiqué en 2005, y que ahora creo de actualidad. Lo transcribo después de leer lo publicado en "Hoy", en la mañana de hoy, sobre el daño que el boicot a los productos catalanes puede ocasionar a la economía extremeña.

"No estoy de acuerdo con ningún tipo de campaña en contra de productos españoles, sean de donde sean, [...] yo preferiría que en las urnas se castigara a quienes con sus descabelladas políticas originan estas situaciones.

Pero cada vez se me hace más cuesta arriba defender esta postura, [...] Hoy mismo, un amigo que conoce mi postura, me ha abordado y me ha espetado, sin más preámbulos, que él no consume productos catalanes por tres motivos: primero porque así se le bajan los humos a los carodes y demás compañeros mártires; segundo, porque está indignado con lo que ha leído hoy en un periódico nacional, que afirma que la Generalidad de Cataluña viene multando a establecimientos que no rotulan en catalán; y tercer y principal motivo, porque le sale de donde ustedes imaginan.

Ante el tercer argumento, poca réplica cabe. Ante el primero, ya sabemos cómo están las cosas. Pero el segundo, el de las multas por no rotular en catalán, lo ignoraba un servidor. Así que, tras leer algo sobre el asunto, resulta que sí, que hay una legislación en vigor en tal materia.

Me estremece esta barbaridad. Siempre pensé que el poseer una lengua, como el catalán, en el patrimonio cultural de una región es algo absolutamente enriquecedor. Las lenguas son para comunicarse. Y si uno disfruta de la posibilidad de hacerlo en varios idiomas, me parece estupendo. Lo malo es cuando una lengua se utiliza como trinchera, como seña de identidad contra otros [...]

La lengua castellana, única sobre la que la Constitución Española predica la el derecho y deber de conocerla a todos los españoles, es un elemento milenario de comunicación común,[...] La norma debiera ser que cada cual se exprese como desee, sin incurrir en faltas de educación. Pero claro, el castellano es un elemento de cohesión nacional; por tanto, sobra. Como lo que hay que cohesionar es Cataluña, nación según algunos, hay que exigir  el uso del catalán. Y [...] aunque haya ley por medio, cuando esta pretende la inmersión lingüística, le falta la nota de legitimidad.

Sensu contrario, sería exigible, de oficio, la persecución de aquellos establecimientos en los que sólo se rotule en catalán, que seguro que los hay. Pero eso no cuenta. No se busca el bilingüismo, que no es mal invento, se busca la separación.

Poco ayudan estos procedimientos a la comprensión hacia Cataluña en el resto de España. Por esto, entiendo que el seny catalán debe manifestarse en forma de una sociedad civil que diga a sus representantes políticos que ya está bien de inventar problemas artificiales; que dejen de mirarse a sus ombligos y estén más pendientes del mal que pueden causar con sus políticas absurdas; que dejen de sembrar vientos.

Tal vez este sea el antídoto contra el mal de la disgregación fanática. No es nada razonable que un castellano, o manchego o extremeño, se sienta a disgusto en Cataluña. Como tampoco lo es el que un catalán tenga que ser mirado torvamente, o haya de sufrir comentarios ácidos en el resto de España. La convivencia sufre mucho.

Acabo con una anécdota. Créanla o no. Pero es absolutamente cierta. Hace unos días acudo a una conferencia sobre el Estatuto de Cataluña, organizada por personas contrarias a su reforma anticonstitucional; entre los asistentes, un matrimonio entabla conversación conmigo, y me dice que, como se alojan en el hotel donde se celebra el acto, han decidido entrar a escucharlo. Me pregunta el esposo si imagino a qué ha venido a mi tierra, a Extremadura. Sugiero que por hacer turismo. Me niega con la cabeza. A comprar cava, me aclara. Vaya, vaya. Cosas del boicot. Me confirma que él antes compraba en San Sadurní de Noya [...] Compraban bastante cantidad, que ahora se llevan de Almendralejo. No están de acuerdo con lo que está pasando en Cataluña.

¿Dónde está la anécdota, [...] La sorpresa es que el caballero, con semblante y tono de voz realmente triste, me confiesa: yo soy catalán [...]"

jueves, 12 de octubre de 2017

En el día de la Fiesta Nacional

foto: ABC.es

¡Viva España!
¡Viva el Rey!

Y en el día de su Patrona, ¡viva nuestra Guardia Civil!

miércoles, 11 de octubre de 2017

Presentación de mi novela "Cuentas saldadas"

El jueves, 19 de octubre, a las 20,30 horas y en la Biblioteca municipal, presentamos mi novela "Cuenta saldadas".
Intenvendrán: Eduardo Moga, director de la Editora Regional de Extremadura; Félix Ortiz, profesor el IES Cristo del Rosario y Juan Carlos Fernández, autor. El acto será presentado por Estrella Claver, directora de la Biblioteca.
La asistencia es libre y la Editora, a través de alguna librería local, pondrá ejemplares a la venta para que los asistentes que lo deseen puedan adquirirlos.

viernes, 6 de octubre de 2017

¡Cómo pasa el tiempo!

Otra curiosidad de las hemerotecas. Miren: Lluis Llach, cuando ni soñaría que llegaría a ser diputado de yuntspelsí, ni mucho menos que proclamaría la obediencia a una Hacienda catalana, posaba para la revista Lecturas en su número del 6 de septiembre de 1974.

Lecturas, 6-9-74

jueves, 5 de octubre de 2017

Codorniu en otros tiempos

Eran otros tiempos, sí señor. Tomo la fotografía del Ya del 6 de diciembre de 1964
¡Anda, anda, champaña de España en el mundo!


¡Jesús, qué marcas!

El año pasado les ponía algunas entradas en las que recogía algunas curiosas marcas de productos españoles. Les pongo un enlace a esas entradas
http://juancfernandez.blogspot.com.es/2016/09/que-nos-les-quepa-duda.html
Ahora, en un viaje en el que paro a visitar Hervás, encuentro otra no menos curiosa marca en un escaparate. Se trata de queso. Vean, vean.


lunes, 25 de septiembre de 2017

Nueva novela: "Cuentas saldadas"


La Editora Regional de Extremadura acaba de editar mi novela "Cuentas saldadas", que presentaremos próximamente en Zafra.  Por si les resulta interesante, les pongo aquí la sinopsis de la misma.


“Cuentas saldadas”. Novela
Sinopsis

La familia Linares controla Riogrande de los Montes desde hace décadas. Allí ejercen el poder económico, y también el político: padre e hijo, en épocas diferentes, ocupan la alcaldía; con sus influencias de todo tipo buscan el dominio sobre solares y terrenos, de los que acaparan los mejores de la localidad, y acrecientan su poder y su fortuna personal, que ya había experimentado un notable empujón en los tiempos del abuelo de la saga. Pero un gobernador civil indeciso y no poco timorato, y el cronista de la villa de Riogrande reciben informaciones que pueden comprometer el poder de los Linares. Y, ya en la primera década del siglo XXI, un concejal idealista e independiente recogerá el testigo de las pesquisas que, décadas antes, dieron lugar a una crisis sin precedentes en la familia de caciques.

Esta novela versa sobre el choque entre la codicia desmedida y el idealismo acobardado, en un marco social en el que se perdona todo al triunfador y se estigmatiza a quien osa transgredir ciertos límites. Pululan por sus capítulos –que se desarrollan entre los años sesenta del siglo pasado y los primeros del actual– personajes ambiciosos, idealistas, indecisos, pragmáticos, mutantes, traicioneros, cobardes… En la trama se entrecruzan pulsiones de poder con escrúpulos morales de creyentes en el régimen del general Franco que ven cómo los tiempos no corren en balde y que encuentran que sus principios topan con la realidad y, muy especialmente, con las obscenidades amparadas por el sistema. Este choque magno provocará una gran conmoción que tardará casi treinta años en terminar de resolverse, de la mano de un protagonista que se consideraba al margen de todos los conflictos pretéritos, hasta que el pasado le roza lo suficiente...



domingo, 24 de septiembre de 2017

¿Ni vencedores ni vencidos?


Leo en Hoy  la entrevista que hacen a Jordi Alberich, director general del Círculo de Economía de Cataluña. Me parece un hombre de buenas intenciones y, sin duda, es profundo conocedor de las circunstancias que concurren en Cataluña.
Le preguntan "¿cómo hemos llegado a esto?", y responde que ha influido mucho la crisis económica, que desestabiliza a la clase media y abona el separatismo. Pues seguro que será así. También medraron en la crisis los populismos. Añade el entrevistado que a ese factor se ha sumado la torpeza política de los gobiernos españoles. Concluye el Sr. Alberich que "hará falta una salida política en Cataluña, sin humillaciones, sin vencedores ni vencidos". Y lo pide encarecidamente.
Bueno. Pero del mismo modo que los populismos crecieron con la crisis porque ya existía un germen que, básicamente, venía achacando todos los males a la economía de mercado y a las democracias liberales y, en España, concretamente, consideraba y considera a la Transición como mera claudicación, en Cataluña hay otro germen de  desafección: la educación absolutamente manipulada; la difusión de la consigna por los medios de comunicación afectos a la causa.
Respecto de la torpeza política, se suele acusar al Partido Popular de haber recurrido el Estatuto de Cataluña ante el Constitucional. ¡Qué torpeza, oigan! Resulta que el TC echa para atrás el texto legal, es decir, que es inconstitucional, y encima quien lo recurre es torpe. ¿Debemos colegir por esa regla de tres que para garantizar la paz social hay que transigir con todo lo que un poder del Estado quiera legislar en contra del propio Estado?
El caso es que sí debe haber vencedores y vencidos. Quien reta al Estado de derecho, quien proclama que se saltará la ley, quien disponiendo de sus escaños por mor de un sistema constitucional del que emanan el poder que ha recibido decide saltarse a la torera el marco normativo, esto es, el marco de convivencia, no puede quedar impune.
Tiene que vencer el derecho, la ley. Quien la perturba tiene que ser sancionado. Y eso no tiene por qué suponer humillación alguna. Simplemente, quien opta por rebelarse (no lo diré en el sentido jurídico, sino en el coloquial) asume el riesgo y ventura de sus actos.
Quizá por mi convencimiento de que debe prevalecer la ley, me inquieta la última reflexión de Pedror Sánchez, que transcribo no a la letra, pero que viene a decir que Puigdemont quiere el referendo sin diálogo; que Rajoy quiere lo contrario y que él propone el referéndum con diálogo. Mi inquietud es grande porque, creo, no es momento de buscar el puntito ácido para arrear a Rajoy, sino para que todos arrimen el hombro para contener un desafío sin parangón. Me parece.



sábado, 23 de septiembre de 2017

En Facebook


Después renegar del feisbuc durante años, acabo de sucumbir a la modernidad y me he apuntado a ese superferolítico invento. El caso es que, tras haber conseguido, mal que bien, poner el marcha la cosa, leo con retraso el ABC del jueves, donde entrevistan a mi admirado Vargas Llosa. Me alegro  que el Nobel hispano-peruano admita que en sus últimas novelas ha escrito con más claridad, que "de joven, a veces tienes la idea, completamente falsa, de que la oscuridad es profundidad... ¡Mentira". Es cierto que algunas de sus novelas se hacen difíciles de leer.
Pero lo que me pone en guardia, hoy que soy facebuquero, o facebuquista, o facebuqueador, o como rayos se diga, es lo que dice poco después: "Si la literatura desaparece y es reemplezada por esa especie de caricatura del lenguaje que vemos en las redes sociales, corremos el riesgo de llegar a un mundo de monos." ¡Uf! Habrá que esforzarse en escribir lo menos mal posible en el nuevo medio.

viernes, 22 de septiembre de 2017

¿Se puede tener menos vergüenza?

El Gobierno ha decidido desplazar efectivos policiales a Cataluña, para "reforzar" a los mossos. Con independencia de si es un refuerzo o mayor control, que falta que hace, resulta que el consejero de la Generalidad Turull niega el carácter tumultuario de las manifestaciones de estos días, a las que califica de "pacíficas, alegres y cívicas".
No contento con eso, asegura que, en aquellas, "no hay un papel en el suelo, ni un cristal roto".


Pacífica


Alegre


Cívica

Me contengo. No utilizaré epítetos.



jueves, 14 de septiembre de 2017

Un garbeo por Cuenca



Vista del casco antiguo de Cuenca (todas las fotos de esta entrada son del autor)
Hacía unos treinta y cinco años que quien les escribe no visitaba Cuenca. En realidad, mi estancia en 1981 o 1982 fue por motivos de trabajo. Llegué por la tarde cansado,venía, creo recordar, de Ciudad Real, me alojé, cené, me retiré a mis aposentos (¡qué chulo queda decir esto!) en el hotel Torremangana y, ya por la mañana, hice las gestiones que tenía encomendadas y volví a Villafranca. De modo que no es que no recordara nada de Cuenca, es que en realidad no la conocía.
Pero, por estas cosas que pasan, y como por motivos familiares últimamente me desplazo con alguna frecuencia a Ciudad Real, decido darme un garbeo por tan bella y empinada ciudad.
No es fácil llegar, hay que transitar por las autovías A3 y A4, por la A40 y por algunas otras carreteras convencionales de cuya denominación no me acuerdo. Son alrededor de 270 kilómetros, pero se hacen con gusto, siempre es un placer ir de excursión.
Llegamos y, casualidades de la vida, casi a la entrada de la ciudad encuentro un aparcamiento subterráneo junto al hotel Torremangana, en el que me alojé en mi primera visita. Desde ahí al cogollo de la ciudad antigua se planta uno en 10 o 15 minutos caminando tranquilamente.


Torre Mangana
Paseamos junto al Júcar, atravesamos un parque, subimos unas empinadas escaleras, siempre con vistas espectaculares, callejeamos y damos en la plaza Mangana, donde se encuentra la torre del mismo nombre. De modo que mi curiosidad por el extraño nombre del hotel en el que antaño me alojé, el Torremangana, queda resuelta. En la foto tienen ustedes la torre.

Plaza Mayor y catedral
Sin ser espectacular, según creo, la plaza Mayor es bonita, colorida (fíjense las fachadas de las casas de la derecha), y con la catedral forma un conjunto agradable. A la entrada está el Ayuntamiento. Hay instalado un mercado medieval. En la plaza de la Merced han puesto atracciones que quieren copiar las que pudiera haber en una feria del medioevo. Me recuerda a una  similar, aunque más lograda, que vi en Foix (Francia), en los primeros años 90. En Cuenca, la animación y los tenderetes están en la plaza Mayor y en las calles y plazuelas aledañas.

Vista de la plaza Mayor, con el Ayuntamiento al fondo, sobre unos arcos.


Rascacielos
La publicidad turística dice que antes que en Manhattan, ya había "rascacielos" en Cuenca. Pues ahí tienen ustedes una curiosa foto.

Con los "rascacielos" al fondo
Aquí tienen a su seguro servidor posando para la posteridad con un magnífico fondo. Los "rascacielos" a la derecha.

Vista parcial de las casas colgadas
Desde luego, la imagen quizá más célebre de Cuenca es la de las casas colgadas. Espectaculares sobre el precipicio. Como el autor padece de vértigo, no puede ofrecerles una foto adecuada. Para eso disponen ustedes de estupendas postales y de webs documentadísimas.

Jesús con las alturas
Para fotografiar las casas colgadas debería haberme situado sobre el puente que se aprecia a la izquierda de la foto. Ni hablar.
Seguimos ruando y damos con una curiosidad. Miren la foto:

Calle de Guerra Campos
Monseñor Guerra Campos fue un obispo muy conservador, que se las tuvo tiesas con el cardenal Tarancón y que, parece ser, no era muy simpatizante de Pablo VI. Fue muy controvertido durante los años de la Transición y ocupó no pocas páginas de la prensa. Llegó a ser procurador en Cortes, y fue uno de los que votaron en contra de la Ley para la Reforma Política.
Que conste que no pongo la foto a modo de crítica o denuncia; si los conquenses quieren dedicarle una calle, bien está. Estarían contentos con su labor pastoral. Ni entro ni salgo. Pero me resultó curiosa la dedicatoria. 

En fin, que bajando del casco histórico nos damos con un original conjunto escultórico, que les expongo a continuación:

Músicos de metal
Y para terminar, un breve apunte gastronómico. Ya en el casco moderno comemos en uno de los concurridísimos mesones de la calle San Cosme. Buena comida, mal vino. El precio no es malo, pero en la carta tasan el menú un par de euros menos de lo que supone la cuenta real. Los camareros, simpáticos, pero alguno tiene alguna tendencia al pregón y, a voz en grito, mientras te atiende, alecciona al resto de los meseros para que atiendan a tal o cuan cliente. Lentos para cobrar. Tengo que ir yo a la barra para liquidar la cuenta. Pero, insisto, la comida, rica.


















lunes, 11 de septiembre de 2017

Otro 11 de septiembre

abc.es
Lo leo en El País el pasado día 2: tras el 11 de septiembre de 2001, "Walmart vendió 116.000 banderas nacionales ese día y, al siguiente, 250.000, cuando las ventas habituales estaban de 6.000 a 10.000 diarias".
Lo mismo que aquí, ¿verdad? Y sobre todo hoy, en Cataluña, donde ya no es que esté preterida la bandera nacional española, sino también la autonómica. Ahora la que mola es la estelada. 

jueves, 31 de agosto de 2017

Pausas en el camino (IV)

Impresionante Salamanca monumental

En Salamanca
Tomamos habitación en un modesto hotel de una estrella (Le Petit Hotel), que hace honor a su nombre. Sin embargo, está céntrico, a cinco minutos de la Plaza Mayor, tiene aire acondicionado y la habitación es cómoda.
Nada que resaltar del establecimiento cercano en el que comemos, uno más.
La cena la hicimos en uno de esos establecimientos muy orientados al turismo, en la calle Libreros. El menú está bien y no es caro. La terraza es agradable y entretenida. Pero... Falla el vino. No es que sea malo. Es que sólo te ponen una copa para toda la cena. De modo que, como el peregrino necesita algo más de condumio, que para eso lleva muchos kilómetros a pie, pide otra. En ningún momento pretende que se la regalen, si hay que pagarla, se paga. Punto. El camarero nos dice que la traerá... Pero no lo hace. No reclamo. En otras circunstancias lo habría hecho, pero quizá por el cansancio (por patear Salamanca no ha habido siesta, y a los kilómetros matutinos hemos sumado otros urbanos) me resigno y me conformo con una sola copa. Qué le vamos a hacer.
Por la mañana desayunamos con servicio al por mayor (no es que te pongan un desayuno copioso, sino que te atienden como si hubiera doscientos clientes en la barra) y despachados por un joven nada agradable (me malicio que preferiría estar del otro lado de la barra), en un establecimiento que está destinado a los trasnochadores que han disfrutado de la noche salmantina y reponen fuerzas antes de, suponemos, retirarse a sus aposentos.

En El Cubo del Vino
Sugerente nombre el de esta localidad zamorana. Hoy hemos acortado la etapa, pues recorrerla en su integridad suponía caminar 36 kilómetros a pleno sol. Somos peregrinos, pero no masoquistas y, si bien en primavera la habríamos cumplido en su totalidad, en pleno agosto no parece procedente. De modo que abreviamos unos 15 kilómetros.
En El Cubo andan de fiestas o de domingo y todo está lleno. Paramos en un restaurante muy anunciado, y preguntamos por la comida: hasta las 14 horas no sirven, y aun es la una y pico. Para hacer tiempo, pido dos cervezas. No me las pone la camarera. Espero paciente, y atiende a otros clientes. El peregrino debe resultarle poco distinguido. Pido a otro camarero: dos cañas. Supongo que a causa del ruido, entiende dos cervezas de esas que llevan limón incorporado, invento que jamás trasegaría, qué quieren que les diga. Cuando me las sirve, le digo que se ha equivocado, y él dice que es lo que he pedido. Inútil discutir, aunque las retira y, mal encarado, me pone las dos cañas. Las consumimos a galope, pago y nos vamos. Se quedan sin clientes para el comedor.

En Villanueva de Campeán
La Posada del Buen Camino
La comunidad de Castilla y León tiene registrada la marca "Posadas Reales", que distingue a establecimientos rurales que han de cumplir unas condiciones muy exigentes, para alcanzar el objetivo de ofrecer la excelencia en los alojamientos: entre otras muchas cosas, se requiere que el edificio sea de arquitectura tradicional y que esté óptimamente conservado, que el huésped pueda disfrutar de tranquilidad y sosiego, y un largo etcétera.
Nosotros hemos reservado habitación en La Posada del Buen Camino. Con diferencia, el establecimiento por el que más hemos pagado: 79 euros. Efectivamente, hay tranquilidad, la posada es muy bonita y las habitaciones son muy cómodas. Sin embargo, falla el servicio de lavado de ropa, que aunque está anunciado en la web del establecimiento, no nos puede garantizar la dueña, lo que nos produce alguna frustración. Qué le vamos a hacer. Tampoco disponen de servicio de restauración (en la web se anuncia por encargo, pero creo que deben de ser de oferta obligatoria la cena y el desayuno). Esto me importa menos, porque me malicio que el precio sería proporcional al de la habitación.
Pero, feliz hallazgo, tenemos a nuestra disposición a unos metros el bar Vía de la Plata, atendido, cómo no, por una familia. Comemos y cenamos fenomenalmente, y el servicio es estupendo. Además, hemos disfrutado de una escena propia de la España de siempre, algo que se ha perdido probablemente en pueblos más grandes: después de comer, los hombres del pueblo acuden al bar a jugar la partida. Algunos lo hacen con la vehemencia de quienes en ese inofensivo entretenimiento encuentran la desconexión de otras rutinas: elevan la voz, discuten... Y el peregrino disfruta con la escena, porque evoca de inmediato mocedades de casino de pueblo... 
A la hora de la cena reina la tranquilidad, sólo rota mínimamente por el fútbol, juegan el Madrid y el Barcelona: el partido provoca menor vehemencia que la partida. El hijo del dueño y, por la noche la esposa del tabernero, nos hablan del escándalo de los jugadores de cartas: que no nos preocupemos, que no pasa nada, pero que son así... Y los peregrinos le advierten que no nos han incomodado en absoluto, que, al contrario, son escenas que no nos son desconocidas.
En fin, nos retiramos temprano y, como el desayuno en la posada no lo sirven hasta después de las nueve, nos tomamos un café: la dueña nos ha dejado preparadas unas tazas y hay cafetera.

Y, por fin, Zamora
Una gozada comer en los restaurante de la Plaza Mayor, con la iglesia de San Juan a la vista. De noche, iluminada, es preciosa

En la última etapa de esta fase, nos alojamos en Zamora en un establecimiento de tres estrellas, el hotel Doña Urraca. Es moderno, cómodo y funcional, y el precio muy adecuado. Y está a no más de ocho o diez minutos andando del casco histórico.
Como ya les he contado, aprovechamos la tarde y la mañana siguiente para conocer la ciudad, de la que nos llevamos una grata imagen. El día de la llegada comemos en un establecimiento moderno, sin mayores pretensiones, cuyo nombre evoca al traidor Dolfos Bellido, hijo de Bellido Dolfos. Bien. Por la noche cenamos en la Plaza Mayor, frente a la iglesia de San Juan, con su estatua del Merlú. Muy agradable ambiente. Cenamos muy bien. No nos regatean en el vino, del que damos cuenta de una prudente frasca. Y a precio ajustado. Nos gusta tanto que la comida del día de la partida la hacemos en el mismo sitio: el bar-restaurante Zamora. Lo recomendamos.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Pausas en el camino (III)

Fuenterrobles de Salvatierra
Aquí paramos a comer en un típico bar de pueblo: el bar José, establecimiento familiar. Comemos comida casera, de la misma que tomarían los propietarios ese día. Todo a buen precio. Además, nos sellan la credencial de peregrino.
Hay dos bares más en la misma calle del albergue. Nosotros, como les puse en una anterior entrada, pernoctamos en Guijuelo. Nos quedamos en el hotel Torres de esa localidad. Bien situado, económico, cómodo... pero dormimos mal por la escasa insonorización de la habitación: juerga de vecinos al lado.

San Pedro de Rozados
Tras una etapa larga, con momentos duros, y después de reponer fuerzas en mitad del camino, llegamos a San Pedro de Rozados. Hemos reservado, por teléfono, habitación en el hotel rural VII Carreras.

Vista parcial del patio
Las habitaciones están muy bien, aunque no funciona la televisión: la verdad es que ni falta que nos hace, es preferible una buena siesta para reponer las fuerzas consumidas en la etapa, tras 29,350 kilómetros recorridos, según marca el gepeese,  parte de ellos sin una sombra donde cobijarnos. Nos facilitan la habitación sin demoras, ya haremos el registro después, una vez descansemos. Se agradece. Nos lavan la ropa, algo que el peregrino sabe valorar: uno tiene que ir con la indumentaria justa (llevamos lo más básico y la mochila pasa algo de los 8 kilos) hay que ir lavándola donde se va pudiendo. Cenamos en el patio, se está fresquito: la cena, a muy buen precio, es abundante (soy forofo del gazpacho y, como si leyera mi pensamiento, la dueña nos ofrece repetir: lo hago regocijado), con buen vino y, sobre todo, nos deparan un trato caluroso. Cada vez me gustan más estos establecimientos familiares: en este, la dueña y su hija se esfuerzan en atendernos del mejor modo posible. Debo decirles que he tenido la suerte de alojarme en hoteles de todas las estrellas posibles, pero se agradece vivir unas horas en este tipo de hoteles: los lujos se suplen con comodidades básicas pero suficientes y, sobre todo, con cordialidad y trato personal.

Vista de un habitación. La nuestra es igual, quizá sea la misma, pero el televisor es de pantalla plana. Esta imagen la he obtenido de Internet, y puede que sea más antigua.
El momento del desayuno también es muy agradable. A las 7,30 ya está la propietaria preparándolo y nosotros dispuestos a dar buena cuenta del mismo y a salir rápidos camino de Salamanca. Pero la cosa se complica dichosamente: la señora nos ilustra sobre las dificultades que ha tenido para establecer su hotel, la poca atención que se prestaba antes a los peregrinos por las autoridades... Nos pregunta de dónde somos y al saber que venimos de Zafra nos habla de Salvador Castellano (q. e. p. d.), al que conoció, y nos confirma que forjó la cruz que corona el pico de la Dueña.
Después baja de su habitación otro peregrino, éste en bicicleta, que nos ilustra sobre alguna peculiaridad de su peregrinación y dificultades para sincronizarse cuando se viaja con otros: modo de conducir, etc. Muy interesante. Es un joven mexicano afincado en Valencia, que el año pasado hizo el camino en 10 días y este quiere hacerlo en menos. Marcha, buen camino.
En fin, queríamos salir temprano y nos han dado las 8.30. No pasa nada. La conversación (y el desayuno), han merecido la pena.
Recomiendo este establecimiento a los peregrinos que, como nosotros, no pernocte en albergues.

martes, 29 de agosto de 2017

Pausas en el camino (II)

Carcaboso, comunidad premiada
En Carcaboso
Tenemos habitación en el hostal Ciudad de Cáparra, bien situado, con aire acondicionado, trato amable, habitaciones cómodas y correctas. 
Hacemos en el comedor del hostal la comida y la cena. Tienen un buen menú del día y, por 11 euros, comemos y cenamos muy bien y con mantel y servilleta de tela. El peregrino tiene que reponer fuerzas y el vino Payva ayuda: la botella vuelve vacía. Muy amables los camareros. Establecimiento muy recomendable

Aldeanueva del Camino
Pernoctamos en la casa rural La Esencia. Es cómoda, está decorada con muy buen gusto. Hay huéspedes con niños ruidosos, que dan la tabarra en la siesta. La habitación tiene una terraza. Le pongo las vistas en la foto.
Vista desde la terraza de la habitación
Para comer y cenar recurrimos a un restaurante que nos han recomendado, y que cumple nuestras expectativas: Casa Sebas. Siempre lleno, ofrecen un menú apetitoso por 11 euros. Lo recomendamos.
Por la mañana no encontramos (quizá no buscamos lo suficiente) dónde desayunar a las siete. Pero pocos kilómetros más adelante hay un camping con gasolinera y restaurante, donde repusimos fuerzas adecuadamente para afrontar una etapa en subida hasta La Calzada de Béjar.

En Béjar
Aunque la etapa acaba en La Calzada, nos alojamos en Béjar, en el hostal La Otra Casa. La dueña es muy amable, nos atiende excelentemente, y además conoce Zafra y el hotel Huerta Honda. Habitación pequeña, pero muy cómoda. Nos agrada un detalle: en la habitación hay un recipiente eléctrico que sirve para calentar agua y preparar café, y unos dulces. Desayuno solucionado.
Cenamos en un restaurante junto al hostal. No lo reseño. No comimos mal, pero en la carta no aparecía el menú del día, que después observamos se ofreció a otro cliente. Esto nos costó unos euros más.

Aprovechamos para visitar Béjar, que nos pareció bonita, pero que presenta algunos signos de decadencia: muchos comercios cerrados en la calle comercial (la plaga no es sólo de Zafra); un taxista nos comenta el problema de la pérdida de peso del sector textil, antaño potentísimo en la ciudad. Merece la pena visitarla.

Palacio ducal de Béjar.



lunes, 28 de agosto de 2017

Pausas en el camino (I)

Sabor jacobeo en un alojamiento: bordón de peregrino en Villanueva de Campeán

Les he venido hablando últimamente de nuestro peregrinar por la Vía de la Plata, camino de Compostela. Como les advertí, no soy de alojarme en albergues. Por eso no les doy ninguna referencia de esos beneméritos establecimientos. Ya lo hacen en páginas ad hoc, en las que el peregrino (o aspirante) puede ponderar los méritos o deméritos de aquellos.
De modo que en esta entrada encontrarán una selección de establecimientos hoteleros y hosteleros de entre los que hemos sido usuarios. Observarán que en las últimas entradas sólo les he hablado de las etapas realizadas en agosto. Pero aquí me refiero también a estancias durante el mes de marzo, cuando recorrimos otras tres. De las dos primeras (Zafra-Almendralejo y Almendralejo-Mérida) no les pongo nada porque, al ser tan largas y al carecer de experiencia, el condumio fue a base de bocadillos, que llevábamos preparados por si no calculábamos bien los tiempos. Y en ambas retornamos a Zafra en nuestro impagable Leda.
Les advierto que lo que aquí les digo son impresiones absolutamente personales. Cada cual contará la película según les va y lo que a a un servidor le puede parecer fenomenal, a otro puede traerle al fresco o, directamente, caerle mal. O todo lo contrario. Cada cual cuenta la película como le va.

En Alcuéscar (Cáceres)
Nos hospedamos en la casa rural "La Casa Grande". Una casona bien acondicionada para el turismo rural tan de moda. La cena hubimos de hacerla en un bar del pueblo. Tuvimos alguna dificultad con el agua caliente, por estar servida por un termo eléctrico. Todo lo demás, bien.

En Cáceres
Nos alojamos en el hostal Al-Qazeres, céntrico y cómodo. Como llegamos tarde y bastante cansados después de una etapa que superó los 40 kilómetros, nos limitamos a cenar en las cercanías de la Plaza Mayor, en El Pecado de María: buen precio, amable servicio y alivio para la andorga: les recomiendo la ensalada templada de torta del Casar.

En Riolobos
Detalle del acogedor salón de la casa

Reservamos la estancia en la casa rural Abuela Maxi. Cuando hicimos la reserva, por el comodísimo Internet, consigné como hora de entrada las 17 o las 18: error de cálculo basado en la experiencia de las anteriores etapas, bastante más largas. El caso es que llegamos y la casa estaba vacía y, además, en el pueblo estaban celebrando las fiestas mayores. De modo que tuvimos que llamar varias veces por teléfono: los propietarios estaban confiados en nuestra posterior hora de llegada, y disfrutaban de los festejos. Les costó escuchar la llamada por causa de la música de pachanga. Pero, una vez que atendieron el teléfono, se demostró la calidad humana de los propietarios.
A saber: se presentaron de inmediato, acompañados de unos amigos, para arreglarnos la habitación y dejar todo impecable para nuestro disfrute. Y lo hicieron con buen humor, a pesar de que  habíamos anticipado nuestra llegada y les fastidiábamos la fiesta. El esposo de la casera, algo despistado, nos saluda al llegar con un "hello", pero en seguida le hago saber que somos de la tierra, y lo celebra divertido. Nos ofrecen una cerveza, nos brindan tortilla de patatas y fruta... Excelente el trato familiar.
Como llevamos el desayuno incluido, la dueña nos pregunta a qué hora lo deseamos. Y los peregrinos, que por fuerza han de madrugar si no quieren derretirse en mitad del camino, la emplazan las 7 de la mañana. Ninguna objeción, asiente amablemente.
Y a las 7 en punto del lunes y tras el último día de fiesta local, aparece. Y nos prepara un desayuno reconstituyente. Pero lo mejor fue la charla: son cultivadores de tabaco, y nos ilustra la señora sobre los problemas, que son muchos, del sector; sobre alternativas... También sobre los problemas del camino y la competencia no siempre idónea entre algunos establecimientos. Y, hablando hablando, descubrimos que eran vecinos de finca de nuestro añorado Manolo Pérez. Por si las atenciones hubiesen sido pocas, se ofrece, y aceptamos gustosos, a llevarnos al inicio del camino que hemos de seguir desde Riolobos. Nos ahorramos dos o tres kilómetros, lo que nos ayuda a llegar antes a Carcaboso.
En definitiva, trato familiar, amable, eficiente. Un establecimiento apto para el descanso y bien acondicionado. Lo recomiendo vivamente, y agradezco a los propietarios tanta amabilidad.

Para cenar acudimos a la cafetería-churrería Demelza, muy cerca de la casa, donde damos cuenta de buena comida casera a un precio adecuado.



sábado, 26 de agosto de 2017

De camino a Santiago (VI)


La novena etapa de esta tanda ha concluido en Zamora. Desde Villanueva de Campeán hasta la capital de la provincia hemos andado algo más de 20 kilómetros. Aprovechamos la tarde y la mañana siguiente para patearnos la ciudad, desconocida para nosotros... Y para muchos, según nos dice el recepcionista del hotel, que cree que se debería hacer más promoción. La verdad es que se lleva el peregrino una grata sorpresa: remata el esfuerzo de nueve días en una localidad hermosa, bien cuidada, con amplia oferta monumental y gastronómica. Me permito ponerles aquí unas fotografías, correspondientes a algunas cosas de Zamora que me han llamado la atención. Si desean conocerla mejor, consulten alguna publicación especializada y, mejor aún, visítenla si pueden: aunque nosotros hemos precisado de 14 jornadas para llegar, en coche se planta uno en un pispás, cuatro horas y pico por la magnífica autovía A66.

Panorámica de la catedral

Vista del peculiar cimborrio de la catedral

Vista parcial del parque junto al castillo y la catedral (al fondo)

El castillo de Zamora, junto a la catedral, las murallas y el parque que embellece la zona, constituyen un conjunto que merece la pena visitar. Lo hacemos al atardecer y en las primeras horas de la mañana, con escaso tránsito de visitantes, y disfrutamos del lugar, de las vistas, de lo cuidado del entorno, en el que no encuentra uno un papel en el suelo a pesar de que al mismo lado de la catedral han instalado un graderío portátil y asientos de plástico para que el público asista a unas proyecciones. El personal no ha dejado restos. Todo impecable.


Curiosa decoración, sí señor.





Nos llama poderosamente la atención la decoración de algunas casas con partes derruidas. En vez de dejar la ruina a la vista, se han preocupado de decorarlas con dibujos de cierta espectacularidad, lo que hace que el peatón se detenga, curioso, a contemplar el trabajo del artista. Nada que ver con los garabatos que profanan fachadas, escaparates o mobiliario urbano.










Otro dibujo en una fachada



Y otra artística decoración
Qué diferente sería esta parte del edificio, que ha sido derruida, sin las pinturas que embellecen la pared.

Y ahora, un poema de Lope
Miren, lo fotografiado aquí es una tapia de obra, en el acceso a un solar. En vez de servir el muro para pegar carteles y para dejar necedades escritas, lo han rotulado con unos versos de Lope.

Aquí nació Santiago Alba


Pateando la ciudad damos con la casa natal de Santiago Alba, abogado, periodista, varias veces ministro con Alfonso XIII. Tras el golpe del marqués de Estella cruzó la raya de Francia, y cuando fue llamado para presidir el Gabinete, después de la caída de Dámaso Berenguer, declinó el ofrecimiento. Ya en la República militó en el Partido Radical y llegó a presidir las Cortes.





Merlú
Llaman Merlú a una pareja de nazarenos, provistos de tambor y cornetín, que convocan a los penitentes: se reúnen todos en la Plaza Mayor, en número de unos seis mil, según dice el Internet. Debe ser espectacular la Semana Santa zamorana.
En la plaza es una gozada tomar un aperitivo o cenar, en un ambiente concurrido pero no escandaloso, frente a la iglesia de San Juan, en la que está la escultura fotografiada.

Patio del Parador
Siempre es una buena opción visitar los paradores, tomarse un café, disfrutar de sus edificios monumentales. Hacemos lo propio en este palacio, que perteneció a los condes de Alba y Aliste.

Viriato
Los zamoranos tienen a Viriato, terror romanorum, como paisano. Frente al palacio que ocupa el parador de turismo se levanta esta estatua.

Oficina de turismo



Zamora pertenece a la Red de Cooperación de Ciudades de la Vía de la Plata, como afortunadamente ha vuelta a hacer Zafra.
En la fachada de la oficina de información turística conmemoran el vigésimo aniversario de la asociación de municipios.







Ustedes lo pasen bien
En fin, el día 15 a primeras horas de la tarde tomamos el ALSA y volvemos a Zafra. Hubiese preferido hacerlo en tren, pero ya hace muchos años que no existe el Ruta de la Plata. Lástima.
Habíamos empleado la mañana en re-pasear Zamora y, feliz coincidencia, les diré que cuando salíamos del hotel bien temprano para disfrutar de la jornada con tiempo para todo, nos encontramos al grupo de peregrinos italianos al que se había unido una española, del que ya les hablé anteriormente. Bonita casualidad volver a verlos. Nos despedimos, ellos siguen hasta Compostela, nosotros volvemos. Buen camino.

viernes, 25 de agosto de 2017

De camino a Santiago (V)


El curioso lector debe ser advertido, antes de continuar, que aunque en estas entradas les estoy hablando de nuestra peregrinación desde Cañaveral, antes recorrimos otras etapas: De Zafra a Almendralejo, de Almendralejo a Mérida, de Mérida a Alcuéscar, de Alcuéscar a Cáceres, y de Cáceres al pantano de Alcántara. De modo que a con las 9 que hemos pateado en agosto de este año, hemos de sumar dos que hicimos en otoño, y que nos sirvieron de preparación, y las tres de primavera. Así que llevamos 14, y por lo tanto nos faltan 16 o 17.
Prosigamos sin más preámbulos.
El 13 de agosto afrontamos la etapa más árida y menos vistosa de todas, entre Salamanca y el Cubo de la Tierra del Vino, ya en Zamora. Son 36 kilómetros, lo que excede lo que el buen sentido aconseja, y la acortamos en unos 15. Andamos durante un tiempo interminable junto a la autovía. La pernocta la hacemos en Villanueva de Campeán, desde donde abordaremos la última etapa.
14 de agosto, lunes. Tras un frugal desayuno emprendemos el itinerario que rematará nuestra peregrinación por el momento. Son las 7,45 de la mañana, y nos quedan por delante unos 20 kilómetros. Por cierto, por la mañana compruebo que me han publicado un nuevo artículo en "Hoy", al que titulo "De cafres y turistas".

Curioso hito






Abundan los hitos que nos recuerdan que estamos recorriendo la Vía de la Plata. En este, si se fijan con detenimiento, verán una inscripción en caracteres arábigos que supongo indica tal circunstancia. Recordemos que el nombre de la vía proviene, según parece, del árabe balat, que debe de significar camino.












Todo el viaje, en el coche de San Fernando

¿Para que reposen los peregrinos?
Es cierto que el viaje a pie cansa. Por eso se agradece algún lugar en el que reposar. No siempre abundan los sitios en los que pueda uno sentarse y aliviar los pies. Pero, hombre, tampoco es necesario esto... No sabemos si el sillón lo ha colocado alguna alma caritativa... o jocosa. (En algún lugar entre Villanueva de Campeán y Zamora).

Ligeros de equipaje (aunque pesa, no crean)
Uno de estos lugares en los que puede uno descansar y de paso tomar un bocado es el denominado "Pozo de las Promesas", una instalación con bloques de granito repletos de textos bienintencionados, no demasiado lejos de Zamora.

Detalle de uno de los monolitos de granito en el Pozo de las Promesas

Llegando a Zamora
Y, por fin, llegamos a Zamora. La etapa no ha sido incómoda ni prolongada y llegamos a buena hora lo que nos permite, tras un breve descanso, patearnos la ciudad, que no conocíamos. Pero esto lo dejo para la última entrada de esta serie.