miércoles, 20 de mayo de 2009
martes, 19 de mayo de 2009
Y entonces, ¿qué eres?
Dice Aído, ministra de un Ministerio sin ton ni son, que eres un ser vivo, claro, pero que no se puede hablar de que en realidad seas un ser humano.
Cosa curiosa. De chico aprendí que había personas, animales y cosas. Quizá esto sea un tanto simple, pero nos íbamos aviando. Ahora parece que la ciencia, según la ministra, tiene dudas. Evidentemente, no eres una cosa, no te veo forma de caja, o de mesa. Animal, bueno. ¿Dónde están tu rabo, tu melena, tus aletas o tus garras? ¿Dónde tu pico o tus alas?
Me parece adivinar en ti una cabeza similar a la que tienen los individuos de la especie humana, un tronco también de tal apariencia, y brazos, y piernas. No consigo ver otra forma. Y estás vivo, por el momento. Luego algo vivo, de apariencia plenamente humana, ¿dónde hemos de encajarlo?
Las leyes soportan lo que le echen. Por unanimidad podemos decidir todos aquí que Saturno no es un planeta, sino un cometa. O que el Guadiana es un golfo. O que el Ministerio de la Igualdad es el más eficiente y además imprescindible.
Pero esas son batallas inocuas, aunque alguna muy cara. La tuya, en cambio, es sangrienta. Eso sí, muy progresista. Cuánto más te valdría ser una foca de las islas Feroe para que todas las televisiones pusieran, en eso que llaman prime time, las imágenes del destrozo, mientras tantos progresistas se rasgan las vestiduras.
Pero no has tenido suerte. Eres débil e indefenso. Y, además, cuando llegas a ser un estorbo llevas las de perder, porque, además, todo aquel que te defienda ya se sabe que es un carca irredento. O hasta un neocon, cosa ahora tan de moda. Beaterías y atentados contra la libertad. Y demagogia, claro, como lo que aquí llevo escrito.
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Juan C. Fernández
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miércoles, 13 de mayo de 2009
Bueno está, si bien resulta. (Renueve Vd. el DNI en Zafra)
Me encuentro hace unos días a Miguel (permítanme no dar apellidos). Paseaba un servidor tranquilamente, cuando me aborda, me frena en seco y me dice que se ha aprobado solicitar que en Zafra haya una oficina para renovar el DNI, y me recuerda (perdonen ustedes la inmodestia), cuánta lata dí solicitando la instalación de esa oficina.
En realidad, y aunque presenté una moción (en nombre de mi grupo, claro, aunque no fuera nemine discrepante), hicimos gestiones años antes, cuando el buen Pepe Pons Ortiz era presidente local del PP y un servidor un simple secretario local, sin cargo público, tal vez un tanto feliz e indocumentado, como el primerizo García Márquez. Pretendíamos, bien es cierto, una comisaría en toda regla. No pudo ser.
Lo curioso de estas cosas de la política es que el PSOE, cuando presenté y defendí la moción que cito (no recuerdo el año, aunque ya estábamos en la oposición, y no tengo ganas de ir a mi archivo), se opuso. Puse ejemplos de sitios donde se contaba con ese tipo de oficina que, algunos días fijos al mes, se abría para atender a las expediciones del DNI, y de nada sirvió. Resignación.
Recordaba esto Víctor Pavón en una crónica de hoy del 8 de noviembre de 2006.
Después el PP ha presentado otra moción, me parece, aunque como estoy off side no sé cómo quedó la cosa. A lo mejor el Gobierno local aprobó la propuesta y por eso ahora anuncia en su boletín la buena nueva. Bienvenidos sean los acuerdos.
En fin, a mí me llega algo tarde. A mediados de abril renové el documento en Almendralejo, eso sí, con cita previa por internet, puntualidad absoluta y expedición inmediata.
Lo que me resulta curioso es que, de forma casi constante, hay gente que me recuerda cuestiones de mi etapa de concejal. Como Miguel, con la cosa del DNI. Y les cuesta trabajo entenderme cuando les digo que me encuentro muy a gusto desde que dejé la cosa pública, y va ya para dos años. Y yo les insisto: que sí, hombre, que sí, que hay vida más allá de la política. Y muchos porfían, oiga, y se empecinan que algún día volveré. Que hollín. Si volveré o no, quí lo sá, yo no soy adivino. Pero, hoy por hoy, y como hace algunos días dije, ceteris paribus, para mí que no echen habas. He dicho. Cada uno en su casa, y Dios en la de todos. Amén.
Nota: he omitido reseñar que la ilustración de esta entrada corresponde a un boletín de propaganda del PSOE, repartido por los domicilios de Zafra.
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Juan C. Fernández
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sábado, 9 de mayo de 2009
Piratas del Índico
Anda, anda. Algún juez de la Audiencia Nacional quiere aplicar el principio de Justicia Universal, lo que no nos reportará más que un grande ridículo y, de seguir adelante las pretensiones, no pocos gastos. Mientras, no se ponen de acuerdo en la misma sede judicial para ver qué hacen con los piratas que militares de la Marina española han apresado. Según leo, procede su puesta en libertad.
Ea, atuneros españoles, sed felices. La nación que abandera vuestros buques es la más justa y benéfica. Pero eso, por lo que se ve, no va con vosotros. Lo que la Marina ata, la peor burocracia desata. Resignación.
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Juan C. Fernández
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viernes, 8 de mayo de 2009
Bronca, bronca
Digo yo que para qué demonios queremos un parlamento, con sus representantes elegidos por sufragio libre, universal, directo, secreto, etcétera, si en el lugar donde la voluntad del pueblo debería ser representada de modo solemne cualquiera puede llegar (por muy legítimo que sea el enfado) y armar la marimorena. ¿Para eso necesitamos un sistema representativo? Pues claro que es preciso el parlamentarismo. Bien debieran de saberlos los diputados que jalean (pescadores de río revuelto, pero con una viga en el ojo propio de dimensiones descomunales) a los alborotadores. Después se quejarán del desprestigio de las instituciones.
Y para qué referirnos a esa diputada del Parlamento valenciano, con su camiseta reclamando wanted: se busca al presidente Camps, don Francisco, porque la señora o señorita, y su organización, ya han juzgado y condenado. Ea, vengan buenos ejemplos.
Un servidor, que ha tenido que lidiar en algún debate con el salón de plenos a rebosar, y no con mayoría de gentes de su cuerda, sabe lo que es torear en la suerte contraria. Y no es agradable que en el lugar donde hay que debatir (sí de-ba-tir, no vo-ci-fe-rar), se coaccione o coarte a quien pretende hilvanar un discurso con las interrupciones de quienes puedieran pensar que se encuentran en un campo de fútbol.
No se quejen quienes se faltan al respeto a sí mismos apoyando conductas inapropiadas, cuando después las gentes hablen mal de los políticos.
Todo esto, sin entrar a fondo en la cuestión. Qué habilmente funciona la maquinaria de la izquierda. Gravísima crisis, 4 millones de parados (¿seré antipatriota por acordarme de esa monumental cifra?) y a chillar en las comunidades donde gobierna el PP. El Gobierno nacional, claro, no tiene la culpa de nada. Si hasta ya aparecen, ay, la primavera, brotes verdes.
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Juan C. Fernández
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viernes, 1 de mayo de 2009
Algo sobre el obelisco
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Juan C. Fernández
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