sábado, 26 de agosto de 2017

De camino a Santiago (VI)


La novena etapa de esta tanda ha concluido en Zamora. Desde Villanueva de Campeán hasta la capital de la provincia hemos andado algo más de 20 kilómetros. Aprovechamos la tarde y la mañana siguiente para patearnos la ciudad, desconocida para nosotros... Y para muchos, según nos dice el recepcionista del hotel, que cree que se debería hacer más promoción. La verdad es que se lleva el peregrino una grata sorpresa: remata el esfuerzo de nueve días en una localidad hermosa, bien cuidada, con amplia oferta monumental y gastronómica. Me permito ponerles aquí unas fotografías, correspondientes a algunas cosas de Zamora que me han llamado la atención. Si desean conocerla mejor, consulten alguna publicación especializada y, mejor aún, visítenla si pueden: aunque nosotros hemos precisado de 14 jornadas para llegar, en coche se planta uno en un pispás, cuatro horas y pico por la magnífica autovía A66.

Panorámica de la catedral

Vista del peculiar cimborrio de la catedral

Vista parcial del parque junto al castillo y la catedral (al fondo)

El castillo de Zamora, junto a la catedral, las murallas y el parque que embellece la zona, constituyen un conjunto que merece la pena visitar. Lo hacemos al atardecer y en las primeras horas de la mañana, con escaso tránsito de visitantes, y disfrutamos del lugar, de las vistas, de lo cuidado del entorno, en el que no encuentra uno un papel en el suelo a pesar de que al mismo lado de la catedral han instalado un graderío portátil y asientos de plástico para que el público asista a unas proyecciones. El personal no ha dejado restos. Todo impecable.


Curiosa decoración, sí señor.





Nos llama poderosamente la atención la decoración de algunas casas con partes derruidas. En vez de dejar la ruina a la vista, se han preocupado de decorarlas con dibujos de cierta espectacularidad, lo que hace que el peatón se detenga, curioso, a contemplar el trabajo del artista. Nada que ver con los garabatos que profanan fachadas, escaparates o mobiliario urbano.










Otro dibujo en una fachada



Y otra artística decoración
Qué diferente sería esta parte del edificio, que ha sido derruida, sin las pinturas que embellecen la pared.

Y ahora, un poema de Lope
Miren, lo fotografiado aquí es una tapia de obra, en el acceso a un solar. En vez de servir el muro para pegar carteles y para dejar necedades escritas, lo han rotulado con unos versos de Lope.

Aquí nació Santiago Alba


Pateando la ciudad damos con la casa natal de Santiago Alba, abogado, periodista, varias veces ministro con Alfonso XIII. Tras el golpe del marqués de Estella cruzó la raya de Francia, y cuando fue llamado para presidir el Gabinete, después de la caída de Dámaso Berenguer, declinó el ofrecimiento. Ya en la República militó en el Partido Radical y llegó a presidir las Cortes.





Merlú
Llaman Merlú a una pareja de nazarenos, provistos de tambor y cornetín, que convocan a los penitentes: se reúnen todos en la Plaza Mayor, en número de unos seis mil, según dice el Internet. Debe ser espectacular la Semana Santa zamorana.
En la plaza es una gozada tomar un aperitivo o cenar, en un ambiente concurrido pero no escandaloso, frente a la iglesia de San Juan, en la que está la escultura fotografiada.

Patio del Parador
Siempre es una buena opción visitar los paradores, tomarse un café, disfrutar de sus edificios monumentales. Hacemos lo propio en este palacio, que perteneció a los condes de Alba y Aliste.

Viriato
Los zamoranos tienen a Viriato, terror romanorum, como paisano. Frente al palacio que ocupa el parador de turismo se levanta esta estatua.

Oficina de turismo



Zamora pertenece a la Red de Cooperación de Ciudades de la Vía de la Plata, como afortunadamente ha vuelta a hacer Zafra.
En la fachada de la oficina de información turística conmemoran el vigésimo aniversario de la asociación de municipios.







Ustedes lo pasen bien
En fin, el día 15 a primeras horas de la tarde tomamos el ALSA y volvemos a Zafra. Hubiese preferido hacerlo en tren, pero ya hace muchos años que no existe el Ruta de la Plata. Lástima.
Habíamos empleado la mañana en re-pasear Zamora y, feliz coincidencia, les diré que cuando salíamos del hotel bien temprano para disfrutar de la jornada con tiempo para todo, nos encontramos al grupo de peregrinos italianos al que se había unido una española, del que ya les hablé anteriormente. Bonita casualidad volver a verlos. Nos despedimos, ellos siguen hasta Compostela, nosotros volvemos. Buen camino.

viernes, 25 de agosto de 2017

De camino a Santiago (V)


El curioso lector debe ser advertido, antes de continuar, que aunque en estas entradas les estoy hablando de nuestra peregrinación desde Cañaveral, antes recorrimos otras etapas: De Zafra a Almendralejo, de Almendralejo a Mérida, de Mérida a Alcuéscar, de Alcuéscar a Cáceres, y de Cáceres al pantano de Alcántara. De modo que a con las 9 que hemos pateado en agosto de este año, hemos de sumar dos que hicimos en otoño, y que nos sirvieron de preparación, y las tres de primavera. Así que llevamos 14, y por lo tanto nos faltan 16 o 17.
Prosigamos sin más preámbulos.
El 13 de agosto afrontamos la etapa más árida y menos vistosa de todas, entre Salamanca y el Cubo de la Tierra del Vino, ya en Zamora. Son 36 kilómetros, lo que excede lo que el buen sentido aconseja, y la acortamos en unos 15. Andamos durante un tiempo interminable junto a la autovía. La pernocta la hacemos en Villanueva de Campeán, desde donde abordaremos la última etapa.
14 de agosto, lunes. Tras un frugal desayuno emprendemos el itinerario que rematará nuestra peregrinación por el momento. Son las 7,45 de la mañana, y nos quedan por delante unos 20 kilómetros. Por cierto, por la mañana compruebo que me han publicado un nuevo artículo en "Hoy", al que titulo "De cafres y turistas".

Curioso hito






Abundan los hitos que nos recuerdan que estamos recorriendo la Vía de la Plata. En este, si se fijan con detenimiento, verán una inscripción en caracteres arábigos que supongo indica tal circunstancia. Recordemos que el nombre de la vía proviene, según parece, del árabe balat, que debe de significar camino.












Todo el viaje, en el coche de San Fernando

¿Para que reposen los peregrinos?
Es cierto que el viaje a pie cansa. Por eso se agradece algún lugar en el que reposar. No siempre abundan los sitios en los que pueda uno sentarse y aliviar los pies. Pero, hombre, tampoco es necesario esto... No sabemos si el sillón lo ha colocado alguna alma caritativa... o jocosa. (En algún lugar entre Villanueva de Campeán y Zamora).

Ligeros de equipaje (aunque pesa, no crean)
Uno de estos lugares en los que puede uno descansar y de paso tomar un bocado es el denominado "Pozo de las Promesas", una instalación con bloques de granito repletos de textos bienintencionados, no demasiado lejos de Zamora.

Detalle de uno de los monolitos de granito en el Pozo de las Promesas

Llegando a Zamora
Y, por fin, llegamos a Zamora. La etapa no ha sido incómoda ni prolongada y llegamos a buena hora lo que nos permite, tras un breve descanso, patearnos la ciudad, que no conocíamos. Pero esto lo dejo para la última entrada de esta serie.

jueves, 24 de agosto de 2017

De camino a Santiago (IV)

Recapitulamos: hemos salido el día 6 de Cañaveral, y hemos llegado a Riolobos. El 7, desde esta localidad vamos a Carcaboso. El 8, desde allí a Aldeanueva del Camino. El 9, de Aldeanueva a La Calzada de Béjar. Hoy me refiero de una tacada a las trees siguientes jornadas: El 10 de agosto salimos de La Calzada para llegar a Fuenterrobles de Salvatierra, y el 11 desde ahí hasta San Pedro de Rozados. El 12 llegaremos a Salamanca.

Fachada en Guijuelo
Dejamos atrás La Calzada, recorremos algo más de 21 kilómetros, y llegamos a Fuenterrobles de Salvatierra. Después de comer, nos desplazamos a Guijuelo, donde pernoctamos. La verdad es que esta localidad es una yuxtaposición incesante de establecimientos dedicados a la elaboración y venta de productos del cerdo ibérico. Buena prueba es la curiosa fachada que les reproduzco. Por la mañana dejamos Guijuelo sin novedad y, de nuevo en Fuenterroble, emprendemos el camino. Nos quedan por delante casi 30 kilómetros sin ningún pueblo intermedio, lo que nos obliga a aprovisionaros bien de agua y de comida para aguantar el tirón sin desfallecimiento. Exactamente, el caminar durará siete horas, incluidas las breves pausas.

Parque eólico de Iberdrola

La etapa tiene un hito de significación: el pico de la Dueña, al que subimos por angostos caminos (¡cómo no!), atacados a conciencia por las moscas más pejigueras que pueda uno echarse a la cara. Tras el consabido recorrido por dehesas, emprendemos la subida y circulamos a escasos metros de un parque eólico. Es curioso el ruido que hacen los dichosos artefactos, un zumbido algo inquietante. En la oscuridad de la noche debe de imponer.

El pico de la Dueña, con la cruz de Santiago que forjó Salvador Castellano
Llegados al pico de la Dueña, según dicen el punto más alto de la Vía de la Plata, con algo más de mil cien metros, descansamos y damos cuenta de unos bocadillos con productos muy adecuados que compramos en Guijuelo. Nos encontramos a mitad de la etapa. Cuando estamos terminando la colación, aparece la peregrina que habíamos conocido un par de días atrás, junto con uno de los italianos. Los saludamos, nos deseamos buen camino, y continuamos la marcha. Nos quedan casi otros quince kilómetros.
Subiendo al pico recibo la llamada telefónica de un amigo que ya había recorrido el camino en su totalidad. Le indico dónde estamos y me dice que la cruz que corona la cima la hizo el zafrense Salvador Castellano (q. e. p. d.). Cuando después, en San Pedro, en conversación con la propietaria del hotel rural en el que nos alojamos, sabe esta que venimos de Zafra, me confirma la autoría de la cruz: ella conoció a Salvador. Sin duda, su peregrinación deja huella indeleble.

Lo que ven sobre la casa ruinosa es un buitre, sí señor.

El calor aprieta y los kilómetros se hacen pesados. Bajamos el pico con cuidado para no resbalar, la pendiente es grande, y seguimos durante un tiempo alternando un sendero junto a la carretera y el asfalto, que se hace más cómodo.
Cerca del arroyo Mendigos, el caminante se ve obligado a detenerse para hacer esta foto: aunque no se aprecie bien, el bicho que corona la casa derruida es, ni más ni menos, un buitre. ¡Uf! ¿Estará ojo avizor ante el desvanecimiento de algún peregrino? Mejor continuar paso a paso.


Monte bajo calcinado justo por donde pasamos
Durante un buen trecho circulamos junto a la finca Calzadilla. Vemos pasar un coche de bomberos, nos saludan sus ocupantes, y empezamos a oler a quemado. Han ardido no sabemos cuántas hectáreas de monte bajo; el fuego ha sido ayer, pero todavía andan las brigadas forestales y los bomberos controlando que el fuego no se reproduzca. Menos mal que no nos hemos visto en este trance, porque tanto si hubiésemos ido por camino como por la carretera, el fuego estaría a escasos metros de nosotros.

Banco de Castilla, banco para el reposo

En fin, llegamos sin novedad a San Pedro de Rozados, después del palizón. Descansamos y por la tarde nos damos un garbeo por el pueblo. Nos llama la atención, junto a la iglesia, un banco patrocinado por un banco. Les pongo arriba la curiosa imagen. Aprovecho aquí para anticipares que, más adelante, en otras entradas, les hablaré algo sobre algunos de los establecimientos visitados en distintos pueblos, entre ellos el hotel rural de San Pedro.

Plaza de Morille, dedicada a Martín Patino
Puñeteras casualidades de la vida: el día 12, de camino a Salamanca y a cuatro kilómetros de San Pedro de Rozados, pasamos por el pueblo de Morille. Me llama la atención que dediquen una plaza a Basilio Martín Patino y tomo la foto, más que nada para que no se me olvide comprobar si nació allí (es de otra localidad, aclarado queda). Al día siguiente, el 13, nos enteramos por las noticias que el director de cine ha muerto. ¡Jesús!

Flecha semiborrada por un vándalo

En fin, llegamos a Salamanca. La entrada, para el peregrino que sigue la ruta marcada, no es precisamente espectacular, aunque esto se subsana cuando se llega al caso histórico. De modo que nos guiamos por la flechas amarillas y nos encontramos que algún cafre de los infinitos que merodean se ha entretenido en medio borrar algunas. Menos mal que el camino no ofrece duda.
Y, por rematar, despedimos la jornada con una fotografía nocturna de la Casa de las Conchas, por ponerles algo de esta bella ciudad. Llevamos ya 7 de las 9 etapas que podemos recorrer en estas fechas.

La foto no es de calidad, pero se aprecia bien que estamos ante la fachada de la Casa de las Conchas.







miércoles, 23 de agosto de 2017

De camino a Santiago (III)



Curioso entoldado en Aldeanueva del Camino
En Aldeanueva del Camino iniciamos la jornada, como todos los días, bien temprano. Nos quedan por delante unos 24 kilómetros hasta La Calzada de Béjar. Aprovechamos la tarde anterior para darnos un garbeo por la localidad, y encontramos un singular entoldado en las calles: protegen a los viandantes del sol con toldos de ganchillo. Supongo que los vecinos (con certeza las vecinas) se habrán puesto de acuerdo para confeccionarlos. Lamentablemente, la destreza de un servidor con la cámara de fotos (que tampoco es una virguería) es escasa y no se pueden apreciar bien los detalles de la labor artesana.
Otro hito nos recuerda el camino





A lo largo del recorrido nos encontramos con numerosa señalización. Se agradece el esfuerzo por orientar al peregrino, que suele andar un poco despistado por campos desconocidos. También abundan los paneles e hitos que recuerdan por dónde discurre la Vía de la Plata, Iter ab Emerita Asturicam. Los han colocado en todo tipo de materiales: cerámica, plástico, madera, granito, acero inoxidable... En seguida veremos otros ejemplos.







Puente romano del Cubo, cerca de Baños de Montemayor


Continuamos la marcha y los peregrinos, después de transitar un buen puñado de kilómetros por el arcén de la Nacional 630 y de trepar como cabras por un sendero paralelo a la misma, llegan a las inmediaciones de Baños de Montemayor. Mejor dotado para la marcha que para la fotografía, quien les escribe plasma el antiguo puente, que de los romanos sólo conserva prácticamente los cimientos, y no evita que salgan las inoportunas sombras de los observantes.


Baños de Montemayor desde las alturas
Paso a paso seguimos la etapa en ascenso. Un sendero empedrado nos evita circular por la peligrosa carretera y nos permite disfrutar de buenas panorámicas. En la subida nos encontramos con un peregrino que viene desde Sevilla, y con el que, sin intuir nuestras marchas jacobeas, habíamos coincidido en el comedor del hostal en el que nos alojamos en Carcaboso. Va más rápido que nosotros, y nos adelanta. Después dimos con él en La Calzada de Béjar, y ya le perdimos la pista.
Les diré que fueron escasísimos los caminantes que encontramos: nos dicen en todas partes que el calor de julio y agosto hace que seamos cuatro locos los que echamos a andar. Bastantes más encontramos en bicicleta: de estos, un par de jóvenes sevillanos nos ayudaron a orientarnos entre Riolobos y Carcaboso, cuando fuimos víctimas del más tonto de los despistes: nos bastaba con haber andado diez metros y hubiésemos dado con una flecha amarilla. Pero fueron ellos quienes la vieron antes. Amabilísimos ambos, una vez que recuperamos el buen camino, siguieron. No volvimos a verlos. Luego les hablaré de otros encuentros.

Entramos en Castilla y León




Dejamos atrás Extremadura y nos adentramos en Castilla y León. Sabemos que estamos en la provincia de Salamanca cuando vemos, en un camino que pudiera parecer de algún paraje tropical, por la exuberante vegetación, un nuevo modelo de hitos. Estos castellano-leoneses son más complejos que los nuestros, pero también orientan bien al caminante.









Otro hito, ahora en acero inoxidable
Se agradece la sombra en el camino.
El río Cuerpo de Hombre
Por fuerza hemos de parar para disfrutar, entre el Puerto de Béjar y La Calzada, de un ameno paraje a la vera del río Cuerpo de Hombre. Con ganas nos sentaríamos en su orilla para refrescarnos, pero hay que bajar y, correlativamente, volver a subir. De modo que nos conformamos con disfrutar de la vista y del sonido del agua. Es una pena que después abandonemos el verdor y tengamos que transitar por sendas mucho menos espectaculares.

Típica calle de La Calzada de Béjar
Por fin en La Calzada de Béjar. Para llegar hemos tenido que subir un sendero en fuerte pendiente, que más que camino parece el cauce seco y pedregoso de un arroyo. Hay que ir con cuidado, pues con tanta piedra puede uno sufrir un percance. Quizá sea el tramo más ingrato de los que llevamos recorridos. Pero, en fin, lo conseguimos.
En La Calzada coincidimos con un grupo de peregrinos compuesto por tres italianos y una chica española, de Burgos aunque afincada en Gerona, con los que habíamos coincidido el día anterior en una parada para el desayuno. Nos habían hablado de ellos en Cáparra. Volveremos a verlos. Ellos pernoctan allí, y nosotros lo hacemos en Béjar, ciudad que tenemos interés en conocer.

¡Pues anda, que no queda nada todavía!










El peregrino va consumiendo etapas y ve cómo cada vez queda menos para Santiago. Pero todavía hay que patear ¡541 kilómetros! No pasa nada, se hace con ilusión.























martes, 22 de agosto de 2017

De camino a Santiago (II)

Por vastísimas dehesas
Decenas de kilómetros a través de dehesas como la de la imagen, tomada en algún lugar entre Cañaveral y Riolobos. Hay que atravesar fincas, abriendo y cerrando cancelas, y caminar entre el ganado. Aunque no tengo fotos apropiadas, algunos de esos paisajes son espectaculares.

Galisteo a la vista
Nos acercamos a Galisteo, defendida por una imponente medalla almohade erigida con cantos rodados. Un café y continuamos hasta Carcaboso.

Uno de los miliarios del "Parque de los Miliarios", de Carcaboso
La Vía de la Plata está cuajada de los miliarios con los que los civilizadores romanos jalonaban el camino. Algunos acabaron en manos de particulares y han podido ser rescatados, según nos cuentan en uno de los alojamientos en los que pernoctamos. En Carcaboso han instalado varios junto a la iglesia de Santiago. Quedan curiosos y propician que el visitante, que ya ha tenido ocasión de fotografiarse en otros a lo largo del camino, disfrute de un rato de solaz. Pero...

El cafre que no cesa
... la invasión de los cafres se extiende imparable. En el interior de este elemento, que no sabría identificarles y que desde luego no es un miliario, han encontrado una papelera a la que, de añadidura, han pintarrajeado con aerosol. Lástima. Consten los perpetradores, en lugar destacado, en el rol de cafres, si es que caben en él, la lista es inmensa.

Por fin, el arco de Cáparra
Tras más de una veintena de kilómetros recorridos en solitario, sin ninguna población intermedia, aparece ante el peregrino el arco de Cáparra, símbolo de la Vía de la Plata en su recorrido por Extremadura. Lo vemos grabado en el mármol de los cubos indicadores del camino que la Junta ha instalado por doquier y que junto con las célebres flechas amarillas tanto ayudan al caminante, y en numerosos paneles explicativos. Es una alegría conocer los restos de la ciudad romana, que nunca habíamos visitado.

Vista parcial de Cáparra
Un puñado de turistas, a los que nos sumamos con nuestras mochilas a cuestas, recorre los restos romanos. Descansamos en el centro de interpretación. Como curiosidad les diré que han programado representaciones del Festival de Teatro Clásico de Mérida: cuando llegamos andaban con los preparativos: tras el escenario, el espectador tiene la vista del arco, si es que no la tapa algún decorado.








lunes, 21 de agosto de 2017

De camino a Santiago (I)

Moderno (y estético) símbolo que identifica el Camino.
Por motivos que sólo a un servidor y a su cónyuge conciernen (les doy una pista, Santiago sigue siendo el patrón de España), hemos decidido emprender viaje a pie desde Zafra hasta Compostela  Lo vamos haciendo fraccionando el recorrido para, en función del tiempo disponible, ir completando etapas. Desde el otoño pasado hasta mediados de agosto hemos conseguido llegar a Zamora, lo que supone acercarnos a la mitad del recorrido. Aún queda mucho, y desde luego estamos impacientes por reemprender, en cuanto podamos, el viaje.
Huelga decir que no describiré aquí ni caminos ni paisajes, para eso hay plumas mejor dotadas y documentadas. De modo que me limitaré a dejar constancia de nuestro entusiasmo después de haber cruzado arroyos y grandes ríos; de habernos pateado dehesas de infinita belleza de Extremadura y de Salamanca; de haber andado por carreteras nacionales y comarcales; de haber sentido el agobio de recorrer polvorientos caminos junto a interminables campos de cereales; de haber subido y bajado por senderos que intuyo serían del total agrado de las cabras...
Hemos pernoctado en pueblos, aldeas y ciudades, siempre en hoteles modestos, hostales y casas rurales: sé que a los fetén esto les puede parecer inadecuado, porque lo prístino y loable es hacerlo en albergues, pero esa incomodidad me la evito, que para eso ya hice la mili, y sé lo que es dormir junto con otros ciento. Además, cada cual patea el camino con el espíritu que prefiere, y el que quiera establecer comunicación con los otros peregrinos hace bien, pero no es mi caso, aunque no desdeño charlar con quien me encuentro.
Hemos pasado algo de frío y bastante calor; hemos abordado etapas de más de 40 kilómetros y, por el insobornable Lorenzo, nos hemos visto obligados a acortar un par de ellas. Hemos caminado al lado de vacas con sus terneros y de toros (no bravos, sean dadas gracias a Dios y al apóstol), y en una ocasión hubimos de esperar a que una parsimoniosa rumiante tuviera a bien dejarnos continuar. Y hemos debido retroceder porque un cafre inenarrable dejó unos perros sueltos a nuestro paso: menos mal que el desaprensivo acudió a encerrarlos, aunque el susto no hay quien te lo quite.
Hemos comido bocadillos y también disfrutado de la comida absolutamente casera de algunos bares de aldeas, con importante abasto de huevos camperos, pan de primera y buen vino, magníficamente atendidos por los dueños de los bares familiares; y también hemos soportado la atención al por mayor y algo desaprensiva de algún camarero de ciudad de postín que se cree por encima del turista que le paga el salario.
En fin, que hemos vivido una experiencia única y, si me lo permiten, muy recomendable. Ciertamente, nada tiene que ver el peregrino moderno con el que siglos atrás emprendía el camino movido por una fe que, si no movía montañas, sí ayudaba a superarlas; aquéllos no disponían de flechas amarillas, ni de gepeeses y demás virguerías. Empero, y a pesar de las comodidades, los pasos hay que darlos, uno a uno, en una sucesión de miles, subiendo y bajando, trepando y refrenando bajadas disparatadas. De modo que si algún curioso lector se anima a echarse a los senderos polvorientos, déjeme que le recomiende que prepare su físico y, tan importante o más que las piernas y el fuelle, disponga su mente para la empresa.
En fin, me permitirán que les ponga aquí algunas fotografías comentadas, todas ellas tomadas por mí mismo, lo que advierto para que disculpen la no excesiva calidad, y a título de anécdotas. Ya saben que me gusta encontrar en las cosas del día a día algún motivo para la crítica y para el humor. En otros lugares encontrarán bellísimos paisajes y edificios monumentales magistralmente descritos (aunque entiendo que la cosa tiene que ver más con lo espiritual que con lo plástico) y acertadísimas reflexiones sobre el Camino. Mi empeño es mucho más modesto. Empiezo en la siguiente entrada a ponerles las fotos. Vale.





miércoles, 2 de agosto de 2017

Colegio San José, medalla de Extremadura

Vista de la fachada principal de Colegio. http://www.sanjosecolegio.org/
Hay días en los que uno encuentra motivos de alegría cuando ve las noticias. Ayer fue uno de ellos: me entero de la concesión al Colegio San José, de Villafranca, mi pueblo de nacimiento y primeras mocedades, de la medalla de Extremadura. Sea enhorabuena.
Durante siete años permanecí en sus aulas y, aunque ahora estoy totalmente desconectado, como de muchas cosas, sólo guardo buenos recuerdos de tan venerable institución. Me hubiese venido mejor aprovechar más mi paso por las viejas aulas, pero creo que siempre quedó el poso de las buenas enseñanzas (no hablo de lo académico) que los jesuitas intentaban que asimilásemos. Otra cosa es que después sepamos aplicarlas, corramos un tupido velo...
Por cierto, el presidente Fernández Vara fue alumno del colegio.
En fin, mi enhorabuena a los PP. jesuitas, a los de ahora y a los de antes, y a toda la comunidad educativa. En la distancia me siento orgulloso. AMDG.

martes, 25 de julio de 2017

De imprentas y escritores

Reproducción de la prensa  de una imprenta de la época cervantina
(Museo del Quijote. Ciudad Real. Foto del autor)
No sé si fue Cervantes quien, como se dice ahora, puso en el mapa La Mancha con su Don Quijote. Pero no cabe duda que la huella cervantino-quijotesca aporta poso cultural y turístico. Hace unas fechas tuve ocasión, en una visita a Ciudad Real, de conocer el Museo del Quijote. Déjenme que destaque de aquel la reproducción de la imprenta en la que se editó la obra más inmortal de la literatura española. Siempre me ha apasionado el mundo de los impresores. Tiene algo de mágico el flujo de las ideas hacia el papel: el bolígrafo o la estilográfica son instrumentos nobilísimos para ese fin. La máquina de escribir revolucionó el mundo de la escritura (para escribanos y escritores). Ahora, con el ordenador y las impresoras domésticas, la imprenta está en casa. Pero los impresores de verdad, los que hacen que lo escrito tome la forma de libro, esos son merlines de la tinta y del papel.
Pero la literatura, del tipo que sea, suele ser también frustrante. Dice Juan Manuel de Prada que escribir es una "severa y gozosa esclavitud". Y lo creo. Pero las más de las veces lo escrito queda para uno, sin que trascienda (aunque ahora con el Internet las cosas son distintas, pero, qué quieren que les diga, no es lo mismo) el esfuerzo. Así, y también en Ciudad Real, me doy de bruces, frente a la puerta de una frecuentado establecimiento de productos cosméticos, con un señor que instala un cajón sobre el que anuncia sus propios libros: "Escritor local", reza un cartelito; el autor debe pretender que el paisanaje tenga a bien ponderar (y comprar, oigan) la literatura de su convecino. Hasta ahí, y dejando de lado lo inusual de la estampa, bien. Pero hay otro cartel, y este sí que me sorprende: "No se admiten consejos". 
¡Jesús, María y José! ¡Hasta dónde debe de estar este buen hombre de pejigueras que le recomiendan cómo vender, dónde distribuir, a quién dirigirse, a qué concursos presentarse...! Claro, también debe de haber en el anuncio de marras una pizca de soberbia. Acaso este pecado capital sea seña de identidad de los escritores, de oficio o aficionados: pero qué puede ser un escribidor sino un gran pecador, en un ambiente de esclavitud y veneno...


miércoles, 12 de julio de 2017

20 años del asesinato de Miguel Ángel Blanco

Fotografía obtenida de ABC.es


20 años ya. Dos décadas desde que una tarde de mediados de julio los asesinos terroristas de ETA pusieron fin a la vida de un joven concejal, de un valiente que dio la cara en el País Vasco en tiempos muy difíciles. Lo pagó con su vida, como otros del PP y del PSOE.

Viví aquellas fechas como secretario general del PP de Zafra. Llevaba en el cargo desde septiembre del año anterior. Era un mes de vacaciones para muchos, pero yo estaba en en la ciudad, donde atendía la sede local a diario. Debo confesarles que fueron días de una emoción intensa: porque el pueblo español se manifestó sin fisuras contra la abominación terrorista. Porque surgió el que se llamó Espíritu de Ermua, y a partir de ahí todo cambió. En mi caso particular experimenté, de añadidura, otra impresión que nunca olvidaré: ante la barbaridad que se estaba cometiendo, una señora de izquierdas acudió a la sede local del PP. Yo estaba allí, y la escuché, indignada: "hay que hacer algo, no podéis quedaros quietos..." Aquella señora, a la que entonces no conocía, cuenta desde aquel momento con mi respeto y aprecio. Sus palabras vehementes me conmovieron, y convoqué de inmediato una concentración en la Plaza de los Escudos, a la que asistieron algunas decenas de personas, de derechas y de izquierdas. Leí un texto y después nos disolvimos. Manifestar nuestro desprecio por el mal era, quizá, lo único que desde aquí podíamos hacer. Y rezar.

Después llegó la fatídica tarde del 12. Y se cumplió la criminal promesa. Malditos sean quienes apretaron el gatillo, quienes le retuvieron, quienes prestaron -y prestan- su apoyo político y social a los propósitos criminales de los terroristas.
Y todavía hay quien se niega a que se homenajee a Miguel Ángel Blanco. ¡Qué asco! A Miguel Ángel, y a todos los asesinados y víctimas: políticos, militares, policías, guardias civiles, ciudadanos  anónimos... A todos hay que rendir permanente homenaje. Ellos favorecieron la causa de la democracia con su sangre y con el llanto de sus familias.

Por cierto, si pueden, lean Patria, de Fernando Aramburu.

lunes, 19 de junio de 2017

Muy bien, Sr. Guerra (sobre el art.º 155


Pues a lo mejor el señor Guerra tiene razón, y habría que aplicar el artículo 155. O a lo mejor es más prudente ir por otras vías. Es arriesgado calcular cuál sería el método idóneo para frenar la sedición secesionista. Siempre, claro, con la ley en la mano.
Con certeza, la vía expeditiva que propone el exvicepresidente del Gobierno está en la mente de muchos. Pero la clave, en mi modesta opinión, es: ¿qué diría el PSOE de Pedro Sánchez? ¿Cuánto tardaría en acusar al Gobierno y a su presidente de opresor, de carente de talante para el diálogo y de otras muchas lindezas?
Aplicar un artículo de esa naturaleza requiere el concurso de la oposición mayoritaria. Me malicio que, en los tiempos que corren, Sánchez no sólo no estaría por la labor, sino que, de añadidura, saltaría a la yugular de Rajoy. ¡Ojalá me equivoque! Y, sobre todo, ojalá no sea preciso llegar tan lejos: es decir, más vale que los sediciosos se retracten. ¡Iluso de mí!



sábado, 17 de junio de 2017

Estado plurinacional


Si España es un país plurinacional, ¿de cuál de las naciones preexistentes formamos parte los extremeños? ¿De la extremeña? ¿De la castellana? ¿Acaso debemos conformarnos con pertenecer a una de segunda división, a la que podríamos llamar Postespaña,  o Neoiberia, o algo así?
Si, como está más que a la vista, cualquier reconocimiento a la diversidad cultural de nuestras regiones, a su idiosincrasia, a sus singularidades, está acomodado (demasiado, para no pocos) en la Constitución, ¿a qué viene esto de la plurinacionalidad?
En román paladino, estamos ante la constatación de que a algunos se les pretende sobredimensionar el estatus que ya tenían contemplado. Los demás, a remolque.
¿Es eso igualdad? ¿Acaso equidad? ¿Enfilamos el camino al cantonalismo sin acordarnos de la I República? ¿Satisfará tan fenomenal hallazgo político a los separatistas?
Como siempre, el tiempo lo dirá. Y, también como siempre, hay errores que acarrean consecuencias difíciles de enmendar. Claro que, a lo mejor, los equivocados somos los que nos aferramos a que no es lo mejor dar patadas al árbol constitucional. 

sábado, 3 de junio de 2017

Había una vez un circo... con animales


Vale, demos por bueno que los animales, cuando son extraídos de su medio natural, sufren. Y que si se les exhibe en los circos llevando a cabo ejercicios que nada tienen que ver con su naturaleza, la crueldad se incrementa; que soportan, por lo tanto, una vida de degradación. Es decir, que todos ellos son torturados en su cautividad. Esto es lo políticamente correcto, facha el que no lo comparta. Así que, siquiera a lo largo de unas líneas, aceptaremos las tesis animalistas más exacerbadas, bien aplicadas por regidores diligentísimos. Dios me libre de pensar que algunos Ayuntamientos pretendan hacer la puñeta a los circos.  Pero quizá estas energías estarían mejor empleadas en en otras provechosísimas gestiones.
               Continuemos, pues, con el espíritu de liberación animal. La cosa, desde luego, no termina en el circo. Más allá de las carpas y de las jaulas de tigres, leones o elefantes existen otras numerosas actividades que el hombre ejecuta para su solaz valiéndose de la más diversa fauna. Por ejemplo, los concursos hípicos. A ver, dónde está demostrado que los caballos, en su estado natural, se dedican a hacer saltos de obstáculos con un jinete sobre su lomo. O en qué parte de la genética equina está escrita la innata tendencia a elaborar elegantes pasos para delicia de los aficionados. Ergo, si nada de eso es natural, ¿qué pintan los concursos hípicos? ¿No sufren los caballos soportando el peso de los jinetes (y amazonas, claro, no faltaría más), trotando, galopando o lo que se tercie? Sean anatema esos certámenes, acábese con ellos. A mayor abundamiento, suprímase la pesada carga de los animales de ídem, qué es eso de que tiren de carros. El que quiera transporte, que use tractores…. ¡Alto! los tractores contaminan, consumen gasóleo, hacen ruido, echan humo… Imposible. Y ¿entonces? Pues que tire el labrador del carro y del arado, no faltaría más.
               Oigan, ¿y el ganado porcino, ovino o bovino en la Feria de Zafra? ¿No hemos quedado en que son representantes de la mejor cabaña de la ganadería extensiva? ¿Qué pintan esos bichos encerrados, estabulados, soportando el deambular constante del público, que les estresa y les fastidia? Tamaña afrenta exige, de inmediato, una solución: fuera la esclavitud del ganado. Si lo desean, pongan un vídeo de las reses paciendo en las fincas (¿Pero, nos los podremos comer después? ¡Qué aberración, ni lo sueñe!)
               Me vienen ahora a las mientes los perros, esos seres que a tantos resultan adorables, que son educados y exhibidos por doquier (con harta frecuencia dejando incontestables huellas de su tránsito). ¿No es antinatural amaestrarlos, enseñarlos a sentarse y levantarse a la voz del amo y a hacer otras virguerías? ¡Uf, y qué les digo de los concursos caninos! En Zafra tuvimos uno hasta hace algunos años. ¡Qué indignante, hacer desfilar a los chuchos, acicalarlos para la ocasión…! Todo antinatural, sin duda. Vade retro…
               Seguimos pasando revista. A ver, qué hacemos con los canarios, jilgueros, loros, periquitos, cotorras y cualesquiera otras aves que viven encerradas en jaulas con bebederos y columpios, atiborradas de alpiste o de lo que coman, soportando la pesadez del amo, que se empeña en que canten, hablen o hagan no sé qué gracietas. ¡Horrorosa abominación! Prohíbase la cautividad.
               ¿Y qué me dicen de las peceras? Tamaña atrocidad merece especial mención. Fíjense, se coge un pececico, cuyo hábitat natural es la inmensidad marina, y se le encierra entre cristales. En el mejor de los casos, sus dueños serán pudientes y se permitirán instalar un acuario de considerables dimensiones, amablemente decorado con pecios a escala, rocas, plantas… hasta algún cofre con tesoro incluido, con sus monedita de oro desparramadas. Todo simulando el fondo marino para que el pez esté ambientado y, quién sabe, entretenido. A falta de depredadores naturales, su vida discurrirá aleteando entre el decorado, en un agua con la temperatura regulada y alimentado con nutrientes ad hoc. Vida muelle, pero esclava. Menos suerte correrá el que venden en algún mercadillo, supongo, entregado en una bolsa de plástico con algo de agua y que vivirá cuanto le corresponda en una pecera esférica sin ningún tipo de atrezo hasta que un día aparezca flotando panza arriba (¿Es apropiado hablar de panza en el caso de los peces?).
               Para rematar la galería de aberraciones, no puedo dejar de referirme a los monos, ratones, conejos y demás fauna que es inoculada en los laboratorios con todas las porquerías que a los científicos se les ocurre, y con los que se ensayan tratamientos. ¡Pobrecillos! ¡Cuánto ensañamiento! ¿Pero, con quién se deberían hacer los experimentos? Bueno, no se me ocurre una respuesta adecuada, pero seguro que los defensores más documentados del reino animal tienen alguna.
               En fin, por no aburrirles no sigo indagando en la cantidad de extravíos que cometemos con los animales. ¡Pero qué bárbaros que somos! Sean condenados de vehementi cuantos incurren en las atrocidades y persisten en ellas. Protejamos la fauna, ¡ar! Por cierto, ¿será lícito comer vegetales? ¿Tendrán sentimientos las plantas?
               La única duda que me cabe, después de tanta prohibición, es qué va a ocurrir con los emancipados del reino animal si triunfan tan humanitarias tesis. ¿Dónde se acomodará tanto liberto? ¿Pasearán por nuestras calles los tigres del circo al igual que las vacas sagradas lo hacen por las de las ciudades de la India? ¡Qué lío, oigan! Y, por último, me pregunto qué será de domadores, adiestradores y toda la patulea de indignos individuos de la raza humana que han tenido la ocurrencia de ganarse la vida a costa de los bichos (incluyo a los vendedores de las llamadas mascotas y a quienes antinaturalmente disfrutan de ellas). Pues al paro, no faltaría más. Al más sañudo de los ostracismos. ¿Y por qué no a la cárcel, o a campos de reeducación?
Por cierto, y ya no les aburro más: ¿habrá este año concurso hípico en Zafra? ¿Y animales en exposición en la FIG?
              


miércoles, 21 de diciembre de 2016

Feliz Navidad

Nacimiento de Jesús. Tintoretto. M.º de Bellas Artes de Boston
Feliz Navidad y próspero año 2017

domingo, 16 de octubre de 2016

Flechas amarillas en Los Santos

Flecha amarilla en un cruce de calles de Los Santos de Maimona. Imposible perderse

El Camino de Santiago, se emprenda por motivos religiosos, por moda, por turismo o por las razones que a cada cual le plazcan, es un fenómeno que concita el interés de decenas de miles de personas, que echan a andar por esos senderos de Dios. Y, aunque hoy disponemos de infinidad de mapas y aplicaciones informáticas, son muy de agradecer las flechas amarillas que los entusiastas pintan para facilitar al peregrino o al simple caminante el tránsito. Ayer recorrimos la veintena de kilómetros que separan mis dos pueblos, Zafra y Villafranca, en una gozosa caminata. Y me sorprendió muy gratamente que, aparte de las flechas en mástiles de señales de tráfico, bordillos de aceras, piedras o árboles, en las calles de Los Santos, supongo que el Ayuntamiento, han señalizado de modo absolutamente visible la ruta que se ha de seguir para continuar la marcha por la Vía de la Plata. Flechas grandes, en intervalos regulares, hacen que el caminante se despreocupe de perderse y recorra nuestro pueblo vecino con tranquilidad.
Felicidades por esa iniciativa, que demuestra una elevada sensibilidad para con los transeúntes. Ojalá tomen nota en otros sitios.

miércoles, 12 de octubre de 2016

Feliz día de la Fiesta Nacional

www.gifsanimados.org

Feliz día de la Fiesta Nacional. Es buen momento para que todos los que nos sentimos españoles, para que todos los que creemos en nuestro sistema constitucional, que nos ha deparado las mayores cotas de bienestar de nuestra historia, manifestemos nuestra fe en el proyecto común de España.
!Viva España! ¡Viva el Rey!

viernes, 30 de septiembre de 2016

Jesús, con las marcas.

Hace unas fechas les ponía aquí dos ejemplos de marcas contundentes, correspondientes a productos de Navarra y de Huesca. Hoy no me resisto y les traigo un electrodoméstico de una celebérrima multinacional sueca.
¿Tendrá el nombre del modelo alguna traducción en sueco? Sin palabras.

MIRAKULÖS
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viernes, 23 de septiembre de 2016

Un día en La Bella Easo

No conocía San Sebastián, Donostia para los vascuences. He pasado unas horas en una excursión que ha merecido la pena, y de la que dejo aquí constancia por si esto les anima a visitar esa bella ciudad del Cantábrico.


Fíjense qué gentío en la playa de La Concha. Es un sábado de principios de septiembre, con una temperatura más que agradable que invitaba a tomar el sol. Supongo que para la gente del norte la de las aguas sería aceptable. Dudo que para los de estos pagos lo fuera. Mientras tomé esta instantánea circunvalaban la bahía decenas de nadadores, que participaban en alguna competición con entusiasmo.


Reloj y barómetro.
La balaustrada de La Concha no está exenta de monumentalidad. Fíjense qué curiosos el barómetro y el reloj.

Ambientazo en las calles

Si la playa estaba concurrida, qué les digo del casco antiguo, sede inenarrable e inexcusable del tapeo a escala cósmica. Vean qué animada perspectiva: la foto la tomé desde la iglesia de Santa María del Coro, al pie del monte Urgull. Siguiendo la calle Mayor y esquivando el gentío se llega a la catedral del Buen Pastor, que en la foto aparece al fondo.

Pintxos en La Txalupa
Elegir un lugar donde tomar unos pinchos (pintxos en el lugar) es realmente difícil. Decenas de establecimientos pueblan el barrio antiguo. Nosotros entramos en uno al azar, en la calle Fermín Calbetón: La Txalupa. Permítanme que les diga que la foto es sólo parte de lo que disfrutamos. Inconmensurable. Mereció la pena, por un día y sin que se tome por costumbre, romper con la vida sana. Les recomiendo el establecimiento. La comida riquísima y la atención por un personal muy amable hicieron muy gratificante la visita.

Cartel de RTVE para el Festival de Cine
 Como no todo puede ser buen yantar, algo de cultura. Estacionamos en el subterráneo del Kursaal, y a la salida estaban unos operarios instalando la cartelería del festival de cine, que habría de celebrarse unos días después. Otro elemento más que hace atractiva la ciudad.


El verde norte

Finalizo con dos panorámicas bellísimas tomadas en una breve parada a propósito, tras abandonar San Sebastián con dirección a Pamplona. Valió la pena el viaje. Se lo recomiendo.